Selva, mar y trabajo con las manos — no es un show, es la vida diaria aquí.
Algunos días son de machete, cemento y sudor. Otros son más tranquilos: río, playa, fogata o simplemente descansar en la hamaca. Todo depende del clima, de lo que se esté construyendo y de la energía del grupo.
No hay un “programa turístico fijo”. Es más una mezcla entre vida en la finca y exploración de la zona.
Caminatas por la finca y alrededores, observando monos, aves y el cambio constante entre selva y claros. A veces se abre sendero nuevo, a veces solo se disfruta el que ya existe.
Dependiendo de la temporada, se puede aprender sobre cacao, fermentación, secado y preparación básica de chocolate artesanal.
Paseos a caballo por la zona (según disponibilidad) y apoyo en el manejo del terreno: cercas, limpieza, áreas nuevas para sembrar o construir.
Visitas a ríos cercanos, playas tranquilas y, cuando se puede, sesiones de surf en spots de la zona como Pavones y alrededores.
Cocinar juntos, cuidar la huerta, ordenar herramientas, mantener caminos, recoger basura y hacer las pequeñas cosas que mantienen vivo el lugar.
Si eso suena bien, probablemente te va a gustar la experiencia aquí.